Cuando pensamos en una intervención psicológica dirigida a personas en situación de sinhogarismo, solemos imaginar programas de apoyo psicológico, tratamiento de las adicciones o acompañamiento social. Sin embargo, ¿y si una de las intervenciones más importantes fuera, sencillamente, disponer de una vivienda?
Esta es la pregunta que plantea el modelo Housing First, un enfoque que rompe con la lógica tradicional. Durante años, el acceso a una vivienda estable estuvo condicionado a que la persona demostrara previamente una cierta estabilidad: adherencia al tratamiento, abstinencia del consumo de sustancias o capacidad para mantener determinadas rutinas. Housing First invierte este planteamiento y propone comenzar precisamente por aquello que muchas veces se consideraba la meta: ofrecer una vivienda permanente y, desde esa base, desarrollar el resto del proceso de intervención.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en el Journal of Epidemiology & Community Health analizó los resultados de los ensayos clínicos realizados sobre este modelo. La principal conclusión es clara: Housing First mejora de forma muy significativa la estabilidad residencial. Las personas que participan en estos programas tienen muchas más probabilidades de mantener una vivienda estable que quienes reciben los servicios tradicionales y, además, utilizan con menor frecuencia los servicios de urgencias y presentan menos hospitalizaciones.
Sin embargo, quizá el resultado más interesante sea otro. Durante mucho tiempo se argumentó que ofrecer una vivienda sin exigir previamente la abstinencia podría favorecer el mantenimiento o incluso el aumento del consumo de alcohol y otras drogas. Esta revisión no encontró evidencia que apoye esa preocupación. Al contrario, el consumo problemático no fue mayor entre las personas que accedieron a una vivienda mediante el modelo Housing First que entre quienes siguieron los programas tradicionales.
Ahora bien, la revisión también introduce un matiz importante que conviene no pasar por alto. Aunque disponer de una vivienda mejora claramente la estabilidad residencial, los beneficios sobre la salud mental, la calidad de vida o el consumo de sustancias son mucho menos consistentes durante los primeros años de seguimiento. Esto significa que una vivienda, por sí sola, no resuelve la complejidad del sinhogarismo. La recuperación requiere también apoyos psicológicos, sociales y comunitarios capaces de responder a las múltiples necesidades de estas personas.
Quizá esta sea la enseñanza más valiosa de la revisión. Con frecuencia tendemos a separar las intervenciones psicológicas de las condiciones materiales de vida, como si pertenecieran a ámbitos distintos. Sin embargo, disponer de un hogar estable también modifica el contexto en el que las personas afrontan sus dificultades: ofrece seguridad, facilita el acceso a los servicios, favorece la continuidad de los tratamientos y crea oportunidades para reconstruir vínculos sociales. La vivienda no sustituye a la intervención psicológica, pero puede hacer posible que esta tenga mayores probabilidades de éxito.
¿Qué aporta esta investigación a la intervención psicológica?
La revisión invita a replantear una idea muy extendida: la recuperación no comienza necesariamente cuando desaparecen los problemas de salud mental o el consumo de sustancias. En muchas ocasiones, comienza cuando las personas recuperan unas condiciones mínimas de estabilidad desde las que poder afrontar esos problemas. Desde la Psicología de la Intervención Social y Comunitaria, esta evidencia recuerda que la vivienda no es únicamente un recurso asistencial, sino uno de los determinantes sociales que pueden facilitar, o dificultar, cualquier proceso de cambio.
Referencia
Baxter, A. J., Tweed, E. J., Katikireddi, S. V. y Thomson, H. (2019). Effects of Housing First approaches on health and well-being of adults who are homeless or at risk of homelessness: Systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Journal of Epidemiology & Community Health, 73(5), 379–387. https://doi.org/10.1136/jech-2018-210981

