Un estudio reciente publicado en American Journal of Community Psychology analizó cómo las personas que viven en comunidades históricamente segregadas de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) experimentan los espacios de su vida cotidiana.

Los investigadores encontraron que calles, jardines, bloques de viviendas o instalaciones deportivas no son simples escenarios físicos, sino lugares cargados de recuerdos, emociones y significados.

  • Un pequeño jardín comunitario era vivido como un espacio de seguridad, cuidado y apoyo mutuo.
  • Algunos elementos aparentemente anodinos, como las cajas eléctricas de las calles, evocaban recuerdos de violencia y pérdidas no reconocidas.
  • Las instalaciones deportivas aparecían como lugares ambivalentes: favorecían el encuentro y las oportunidades para los jóvenes, pero también estaban asociadas a conflictos y situaciones de inseguridad.
  • Los vecinos desarrollaban estrategias cotidianas para protegerse, mantener vínculos y construir sentido de comunidad en contextos marcados por la desigualdad y la violencia.

¿Qué nos enseña este estudio?

La salud mental y el bienestar no dependen únicamente de factores individuales. Los espacios que habitamos, las relaciones que establecemos y las historias compartidas por una comunidad forman parte esencial de los procesos de sufrimiento, resiliencia y recuperación.

Como señalan los autores, los lugares cotidianos pueden convertirse simultáneamente en escenarios de exclusión y en espacios de cuidado, memoria y resistencia.

📚 Referencia

Veronese, G., Fiscone, C. y Kagee, A. (2026). Negotiating contested spaces and places: Narratives of social suffering and resistance in racialized Cape Town communities. American Journal of Community Psychology, 1-15. https://doi.org/10.1002/ajcp.70077